Transcripción: La industria está quebrada.

“La industria está quebrada”

Intervención del concejal Manuel Sarmiento en el Concejo de Bogotá, 17 de mayo de 2017.

Comienzo por señalar que este es un debate muy importante para Bogotá y para el país, pero particularmente para el Polo Democrático Alternativo, partido que se ha caracterizado desde su fundación por defender la industria nacional, al contrario de lo que han hecho el resto de los partidos políticos, que han respaldado toda la política de libre comercio, la apertura económica y los TLC.

El Polo apoya la industria y la producción nacional

En el Polo hemos sido muy críticos de los grandes meganegociados de Santos y de Peñalosa, como las privatizaciones, los TLC y las alianzas público-privadas, que tanto daño le hacen a la ciudad, pero defendemos los buenos negocios. Son los buenos negocios para la ciudad los que precisamente no promueven ni el gobierno nacional ni la administración del alcalde Enrique Peñalosa. El Polo defiende la causa de la industria nacional y por eso acompañamos las justas luchas de los empresarios y de los trabajadores.

¿Por qué defendemos los buenos negocios para el país y por qué, en consecuencia, llamamos la atención sobre la crítica situación de industria nacional? Está demostrado, por la experiencia de los países desarrollados y por la de Colombia, que la industria es imprescindible para el desarrollo económico. Pero aquí los gobiernos de Uribe y Santos, como los anteriores, se montaron en la locomotora minero-energética y le causaron graves daños a la industria nacional. Con la teoría de las ventajas comparativas, nos metieron el cuento de que el país tenía que especializarse en los sectores extractivos, y la realidad es que la industria nacional se está hundiendo y los gobiernos no hacen nada para salvarla. Al contrario, empeoran cada vez más la situación.

Colombia es un país que adolece de dos graves problemas: el uno, la mala distribución de la riqueza, muy concentrada en unos pocos, y es por eso que estamos siempre dentro de los diez países más desiguales del mundo. Pero además, producimos muy poca riqueza. Colombia registra un mediocre PIB per cápita de apenas US$6.000, mientras que en países desarrollados como Estados Unidos el PIB per cápita supera los US$50.000, en Japón supera los US$34.000, en Alemania los US$41.000. Entonces, por más que se mejore la distribución de la riqueza, si no se produce más, jamás va a solucionarse el grave problema de atraso productivo y de pobreza que padecemos. Insisto en recordar que la industria es fundamental para la generación de riqueza por el valor agregado, por los encadenamientos productivos y por toda una serie de cualidades que no voy a detallar.

Dani Rodrik, un economista de Harvard muy estudioso de estos temas, afirmó recientemente en un artículo que sin industria no puede haber desarrollo económico estable, crecimiento económico estable. Y como lo voy a demostrar en este debate, si por algo se caracterizan los gobiernos de Santos y Peñalosa es por despreciar la industria.

Confecciones, textiles y calzado, de los más afectados

Las confecciones, los textiles y el calzado constituyen un pilar fundamental, como primer peldaño para la industrialización de un país.

La industria bogotana no es para nada despreciable. Representa el 21% de la industria nacional, una quinta parte, y genera el 25% de los empleos del sector industrial de todo el país. A pesar de la enorme crisis, la industria de los textiles, confecciones y calzado produce al año $4.5 billones y genera 190.000 empleos, hoy amenazados por las malas políticas de Santos y de Peñalosa, que se han dedicado, como los anteriores, a destruirla.

La crisis de la industria nacional está documentada con una serie de estadísticas en las que no me voy a detener mucho, porque lo que quiero es llegar a las causas del problema. La participación de la industria en el PIB nacional, en la generación de la riqueza, ha venido disminuyendo. En la década de los 80, por cada $100 de riqueza que se producía en el país, $20 provenían de la industria. Y para el 2016, por cada $100 de riqueza producida, apenas $11 provenían de la industria. El PIB industrial bajó nueve puntos porcentuales. ¡Estamos ante un proceso de desindustrialización! Me pregunto si el secretario de Desarrollo Económico va a pararse aquí en este recinto a aducir que no estamos en un proceso de desindustrialización, sino que la industria bogotana se ha tercerizado y algunos sectores hacen hoy parte del sector servicios. No, no es cierto, como tampoco que la industria bogotana se haya ido para el departamento de Cundinamarca. Se han ido algunas empresas, no lo niego, pero el PIB industrial de Cundinamarca se ha mantenido estable en los últimos 15 años. Esa no es entonces una verdadera explicación. La razón de fondo radica en que las empresas industriales de Bogotá se han venido quebrando.

La industria de Bogotá pasa por una crisis dramática. La participación de la industria bogotana en el PIB bajó del 13% en el año 2000 al 9% en el año 2005. Llevamos cinco años seguidos, 2012, 2013, 2014, 2015 y 2016, en que la producción industrial viene cayendo. La del 2015 fue inferior a la de 2010, o sea, venimos de para atrás, como los cangrejos, y ni el gobierno nacional ni el distrital toman medidas. En el 2016 la producción cayó en 3.1%, y por tal razón, el empleo industrial ha venido perdiendo participación en las cifras de empleo de Bogotá.

La producción también ha venido disminuyendo en las confecciones, el calzado y los textiles. En el año 2010, a precios de año 2005, que es como lo mide el DANE, la producción fue de $2 billones. En 2015 estuvo en $1.9 billones y en 2016 el sector de las confecciones cayó 3.1%, y el del cuero y calzado cayó 6.7 %.

Uno ve ahora las cifras y solo encuentra números rojos, porque todo está cayendo, las ventas, la producción, el empleo. Muy grave, porque la industria, a juicio del Polo, es el sector que es el sector más estratégico de cualquier economía y el que jalona de mejor manera el desarrollo.

Las causas

Esta parte de mi intervención quiero dirigírsela a los empresarios y trabajadores que hoy nos acompañan. Una primera gran causa de la crisis de la industria es el libre comercio, la apertura económica, la globalización neoliberal, los tratados de libre comercio, como quieran llamarlos, una política que se aprobó en 1990. Ya hoy vemos los resultados. El libre comercio consiste básicamente en que el Estado desmonta los instrumentos para respaldar a la industria nacional y favorece en cambio la producción extranjera. Es una política calculada para reemplazar el trabajo nacional por el trabajo extranjero.

La apertura arrancó bajo el gobierno de César Gaviria. El senador Robledo viene diciendo que aquí llevan décadas gobernando los mismos con las mismas. Me puse entonces a averiguar qué hacían por aquella época ciertos personajes y vean ustedes lo que descubrí:

El doctor Juan Manuel Santos era ministro de Comercio Exterior del presidente César Gaviria. Ambos fueron quienes arrancaron con toda esta debacle.

El ex presidente Álvaro Uribe Vélez era el senador estrella del gobierno. Recordemos que él fue quien patinó como ponente la Ley 50 de 1990, la Ley 100 de 1993 y todas las demás medidas neoliberales.

El doctor Enrique Peñalosa era director del Instituto Colombiano de Ahorro y Vivienda, el del famoso UPAC.

O sea, los mismos con las mismas. La apertura económica causó toda clase de daños, que no a detallar. Solo me voy a detener en uno, la drástica rebaja de los aranceles. El arancel promedio para manufacturas en al año de 1977 era del 26%. Hoy es apenas del 3%. ¿Cómo no vamos a estar en crisis? ¿Cómo vamos a competir con las naciones industrializadas cuando el Estado ni siquiera les brinda créditos asequibles a nuestros empresarios bogotanos y colombianos?

Los distintos gobiernos se pusieron a firmar tratados de libre comercio a diestra y siniestra y desde el Polo advertimos que era una mala política. Y no es que se hayan equivocado por ignorancia. No, ellos sabían muy bien que los tratados de libre comercio iban a arruinar el campo y la industria, pero se emperraron en hacerlo porque son regímenes lacayos que gobiernan a favor de los intereses extranjeros. En la actualidad tenemos 16 TLC vigentes con Estados Unidos, con la Unión Europea, con Corea del Sur, etc., y Santos está negociando otros dos con Turquía y Japón, ambas potencias industriales. ¿Qué va a pasar con nuestra producción nacional? Simplemente, lo que ha venido sucediendo. Se va a arruinar.

Ustedes, colegas, que también hacen parte de la rosca neoliberal, nos echaron el cuento de que Colombia iba a ser el paraíso. “Bienvenidos al futuro”, peroraba César Gaviria al vender la apertura económica. Argüían que los empresarios colombianos iban a aprender a competir compitiendo y que si llegaban todas esas mercancías extranjeras no importaba, porque nuestros empresarios iban a vencer en la competencia con los monopolios gringos y europeos. Todo eso fue ¡carreta, carreta! Lo que sucede es que, en la globalización, la competencia no es entre empresarios, sino entre naciones. Y resulta que estamos firmando tratados de libre comercio con naciones súper poderosas que respaldan a sus productores con aranceles, con subsidios y con todo tipo de ayudas, mientras que en Colombia tenemos a un Santos y a un Peñalosa, que dejan a los productores a la deriva a ver cómo se las arreglan para sobrevivir.

Miremos como prueba el costo de la tarifa industrial. En el año 2013, el gobierno nacional contrató un estudio sobre el costo de la tarifa industrial en Colombia y en Bogotá. En el Distrito Capital, la tarifa industrial de Codensa estaba en 15 centavos de dólar, más cara que la de todo Estados Unidos, salvo Hawái. En California 10 centavos de dólar, en Carolina del Norte 6 centavos de dólar, en Georgia 5.4 centavos de dólar. Yo me pregunto, ¿cómo van a competir nuestros productores nacionales con las importaciones de países que les garantizan a sus productores costos de energía mucho más baratos? Pasa lo mismo si miramos a América Latina. Bogotá, 15 centavos de dólar, Lima 8.5 centavos de dólar, Santiago de Chile 10.5 centavos de dólar. ¿Cómo vamos a competir en esas condiciones? Además, sumémosle los créditos usureros, porque lo cierto es que en Colombia el sector financiero, encabezado por el grupo económico de Luis Carlos Sarmiento Angulo, se ha encargado de explotar a nuestros empresarios con altísimas tasas de interés, que le dejan billones de pesos en utilidades mientras que hunden al país en la bancarrota.

En resumen, queridos empresarios y trabajadores, la primera causa es el libre comercio, los TLC, la apertura económica. ¿Por qué se legisla contra el país sin que pase nada? Porque estamos frente a gobiernos lacayos. ¡Qué tal ese bochornoso espectáculo del presidente Santos peleando con el ex presidente Uribe a ver quién ganaba más simpatía ante el presidente Trump! Bochornoso, claro que sí, pero como dijo un columnista importante, ahí quedó retratado el carácter subdesarrollado y colonial de gobernantes como Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos.

El contrabando es intrínseco al libre comercio

Otra causa de la crisis de la industria bogotana es el contrabando, hoy disparado. También nos echaron el cuento de que con la apertura iba a disminuir el contrabando. ¡Carreta, pura y física carreta! Además, el contrabando, queridos empresarios, es intrínseco al libre comercio. ¿Qué es el contrabando? Importar mercancías sin pagar aranceles. ¿Qué es el libre comercio? Importar mercancías sin pagar aranceles. Lo que pasa es que uno es ilegal y el otro legal, pero en la práctica tienen las mismas consecuencias.

Estos han sido gobiernos alcahuetas con el contrabando, desde el de César Gaviria hasta el de Juan Manuel Santos. César Gaviria expidió el Decreto Nacional 1750 de 1991, y ¿saben ustedes qué hizo? ¡Despenalizó el contrabando! Lo que yo concluyo es que el contrabando es una política de Estado, la alcahuetería frente a los contrabandistas y a favor de los grandes productores extranjeros es política de Estado. Pero además, los TLC facilitan el contrabando porque flexibilizan las normas aduaneras. Los representantes que hoy nos acompañan de ACOPI lo saben. Hay menos controles en las aduanas, especialmente frente al contrabando.

Miremos cifras. Según un estudio de la DIAN, a Colombia entran cada año mercancías de contrabando por un valor de US$7.000 millones, es decir, $21 billones. Existen dos tipos de contrabando. El abierto, que todos conocemos porque hemos visto imágenes de caravanas que se meten por trochas en las zonas fronterizas, pero ojo, ese no es el principal contrabando. El peor es el contrabando técnico, el contrabando o contrabando de cuello blanco, porque lo hacen poderosos cacaos relacionados con los altos círculos del poder mediante actos totalmente corruptos y fraudulentos.

La DIAN denuncia que de esos US$7.000 millones, apenas 10% corresponde al tipo de contrabando abierto, el de la trocha. El 90% restante se clasifica dentro del contrabando técnico mediante distintos fraudes, por ejemplo, declarar en la aduana mercancías con aranceles inferiores a la que realmente está ingresando.

Otro caso es la subfacturación, este sí terrible. ¿Cómo funciona? Supongamos que yo soy un contrabandista técnico. Me ingenio entonces una empresa de papel en Panamá, y como ese país es un paraíso fiscal, nadie me puede revisar los papeles de constitución empresarial. El crimen perfecto, porque lo que hace mi empresa en Colombia es importar la mercancía comprándole a esa empresa mía de papel que creé en Panamá. Mi empresa panameña me factura por US$2 dólares el kilogramo  de confección o por US$2 dólares un par de zapatos, pero yo ingreso la mercancía a un costo de US$10 o US$20 por kilogramo de confecciones o por par de zapatos. En consecuencia, yo apenas pago aranceles sobre los US$2 que declaré, no por los US$20, el precio real de la mercancía importada. Al gobierno nacional le ha dado miedo declarar a Panamá como paraíso fiscal y no ha tomado las medidas necesarias para frenar este grave flagelo.

La triangulación es otra modalidad de contrabando técnico. ¿Qué es la triangulación? Supongamos que soy un empresario que trae mercancía de China, pero la ingreso como si la estuviera importando de Chile, país con el que tenemos Tratado de Libre Comercio, y por esta razón no pago aranceles. Sí debería pagarlos, porque estoy trayendo mercancía de un país con el cual no tenemos TLC.

Un empresario de Medellín, del sector de las confecciones, hizo una denuncia muy grave. Vamos a pasar un video para que ustedes lo detallen, pero resumo cómo es la historia: en Colombia, por norma, las confecciones han de llevar la marquilla de Made in China o Made en Colombia cosida perfectamente a la prenda para que no sea fácil quitarla a una prenda que viene de China para ponerle una que dice Made in México, o Chile o cualquier otro país. Resulta que este empresario de Medellín se fue para el almacén FALABELA, multinacional  chilena, y miren lo que encontró:

Aquí estamos haciendo el ejercicio de cómo en este almacén de grandes superficies FALABELA no se cumplen con las normas de etiquetado en Colombia. Vemos que la etiqueta no es cosida, lo cual se presta para muchas dudas frente a la legitimidad de las importaciones que hacen. Ninguna de las etiquetas es cosida. Miremos por ejemplo este otro producto, bóxer para hombre la totalidad, con la etiqueta solamente adherida a la prenda y fácilmente removible.

Vean ustedes la podredumbre del clientelismo en el país. La revista Semana entrevistó en el 2012 a un ex director de la DIAN, que no quiso dar su nombre por cuestiones de seguridad, y miren lo que denuncia, y repito, no cualquier persona, es un ex director de la DIAN:

Son 54 administradores de impuestos y aduanas que ahora se llaman directores de aduanas, y cada uno de ellos era de un senador o de un representante a la Cámara, o la comparten entre varios. En un sitio como Sincelejo, por ejemplo, la “mordida” puede ser de 10.000 millones de pesos mensuales, pero se la tienen que repartir desde el operario que las deja pasar y el supervisor que se hace el de la vista gorda, hasta el director de aduanas local y sus padrinos políticos.

Con personajes de esta calaña, ¡qué futuro va a tener Colombia! Les pregunto a los empresarios: si el Presidente de la República reparte sus cuotas políticas dentro de las aduanas a los congresistas, a cambio de que le aprueben sus tratados de libre comercio, y esas cuotas políticas permiten después el ingreso de todo tipo de contrabando, ¿qué podemos esperar? Es un problema parecido al que tenemos con las alcaldías locales en Bogotá.

El contrabando en Bogotá está disparado. El Observatorio de Desarrollo Económico sacó unas cifras aterradoras. Denuncia que al año ingresan alrededor de cinco o seis billones de pesos, y los sectores más afectados son los textiles, las confecciones y el calzado. Ese contrabando se hace casi todo a través de Panamá con mercancía proveniente de China. En el sector de textiles y confecciones el valor anual del contrabando es como de $3.5 billones y en el sector del calzado es de $230 mil millones.

El primer responsable ha sido el gobierno nacional, el de Santos y los anteriores, que han impuesto el libre comercio como una política de subdesarrollo.  Por una movilización que hicieron los productores de calzado y confecciones, el gobierno nacional se vio obligado a imponer un arancel especial, pero el año pasado lo empezó a desmontar porque nos demandó Panamá ante la OMC. ¿Saben ustedes cual es el país que más conflictos tiene por no cumplir las órdenes de la Organización Mundial del Comercio? Se llama Estados Unidos, un país soberano que actúa de acuerdo son sus propios intereses y no de acuerdo con intereses extranjeros, como sucede en Colombia.

El gobierno de Santos también es responsable por la alcahuetería con el contrabando. Vimos aquí unos videos de cómo el contrabando ingresa en las narices de la policía y que la tal ley anticontrabando no tomó las medidas necesarias para combatirlo, sobre todo el contrabando técnico. En el trámite de esa ley anticontrabando yo trabajaba con el senador Robledo y les puedo decir con orgullo que el Polo no votó la tal ley anticontrabando, que estaba amañada para favorecer el contrabando, tanto que no tipificó el contrabando técnico como un delito autónomo, lo que se necesitaba para poder combatir este flagelo.

El alcalde Peñalosa también es responsable de la crisis de la industria. A mí la gente no me lo cree cuando afirmo que el Plan de Desarrollo del alcalde Peñalosa, 640 páginas, no hace una sola mención de las palabras industria manufacturera. ¿Saben cuántas veces aparece en esas 640  páginas? ¡Cero! Ni una sola vez. Pero lo peor es que Peñalosa fue capaz de bautizarlo Plan de Desarrollo, cuando es la industria manufacturera la que permite jalonar la economía. La palabra industria aparece como cuatro veces, pero solo para referirse a las industrias creativas, que no tienen nada que ver con la industria manufacturera. El Polo presentó una proposición para modificar el Plan de Desarrollo, pero ni siquiera la quisieron discutir, ni siquiera tuvimos oportunidad de debatir con profundidad el tema. Las autoridades distritales estaban afanadas por privatizar a la ETB y por montar los negocios de Transmilenio, y ni siquiera se pudo discutir con tranquilidad este problema de la industria nacional.

Las políticas de la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico son inaceptables.
La situación es parecida a la de aquel debate sobre el tema de víctimas, donde la administración nos presentaba como un éxito darles empleo a 64 personas en un universo de veinte mil. Las metas que se fija la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico son similares. Dice una de ellas, en el programa para los empresarios bogotanos: “Fortalecer quinientas unidades productivas”. ¡Quinientas en el sector de confecciones, en el que hay más de 15.000 empresas!

Ojalá hubiera visto el señor secretario distrital de Seguridad, que lastimosamente se fue de este debate, aunque aquí veo a los representantes de la Policía, esos videos que presentó hoy el concejal Hosman Martínez y que presentó esta semana en el Congreso de la República el senador Velasco. Gente que descarga la mercancía, muy probablemente de contrabando, prácticamente en las narices de los policías, o que la incautan y luego la devuelven. Inaceptable. El Distrito también tiene que tomar medidas. La Secretaría Distrital de Seguridad debe poner en marcha una política en coordinación con la Policía Nacional para poder combatir este flagelo.

El Polo tiene propuestas para salvar la industria nacional

Finalmente, las propuestas del Polo. Nos acusan diciendo que no hacemos propuestas. Sí hacemos bastantes, pero lo que sucede es que las que hacemos no les gustan. La primera es que la Administración Distrital, en cabeza del alcalde Peñalosa debe abanderar la defensa de la industria nacional, debe hacer lobby ante el Presidente y el Congreso de la República. Si Peñalosa hace lobby en el Congreso con el ex congresista Samuel Arrieta para pavimentar los corredores férreos, pues que también lo haga ante las entidades nacionales para que se tomen las medidas necesarias que permitan combatir el contrabando y apoyar y defender la producción nacional.

Hay que exigirle al Gobierno nacional que tome medidas antidumping, permitidas por la Organización Mundial del Comercio.

La administración distrital debe impulsar una política industrial, hoy inexistente. Nosotros propusimos una política de compras pública y ustedes replican que no son competentes para aprobarla. Pero resulta que sí lo son, como sucede en otras partes del mundo.

La administración distrital debe tener presupuesto suficiente para atender bien a los empresarios bogotanos.

La Secretaría Distrital de Seguridad debe poner en práctica, y de inmediato, una política para combatir el contrabando.

Seguramente, estas sugerencias no van a salir adelante, porque tenemos gobiernos que desprecian la industria, pero yo les propongo que se cree una comisión accidental de concejales  para revisar el tema. Yo les propongo a las autoridades distritales y nacionales que hagamos una mesa de trabajo con los empresarios del calzado, de las confecciones, con la comisión accidental de concejales y con autoridades competentes del nivel nacional y distrital y que cada mes nos reunamos y nos rindan cuentas para defender y respaldar la producción nacional. A los empresarios y a los trabajadores les digo que este un problema político, ellos, la rosca neoliberal, Santos, Uribe, Vargas Lleras, Peñalosa, pretenden destruir la industria nacional. Nosotros en cambio tenemos que seguir uniéndonos, organizándonos y movilizándonos para derrotar esa mala política.

 

 

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