septiembre 21, 2017

Por una cultura nacional, científica y de masas

Manuel Sarmiento

Polo Joven Bogotá

La cultura es uno de los bienes más preciados de una nación, y el tratamiento político que de ella se haga revela si un país actúa de manera soberana o no. De ahí la importancia que tiene la cultura para un país, pues si ella es impuesta desde afuera por una potencia, la nación estará condenada a la dominación y al atraso. En concordancia con lo anterior la plataforma política del Polo Democrático Alternativo consagra lo siguiente:

Impulsaremos la cultura como forma de vida en sus diferentes manifestaciones sociales, ciudadanas y comunitarias y promoveremos el desarrollo del arte, los territorios y la vida de los pueblos. El Estado Social de Derecho, a través de la cultura, protegerá y promoverá la identidad nacional, y la memoria y el patrimonio histórico nacionales.

Ahora bien, en los espacios juveniles la cultura toma una importancia aún mayor, ya que la inquietud que caracteriza a los jóvenes hace que nos interesemos de manera especial por las diferentes expresiones culturales. Es por ello que el papel de los Jóvenes del PDA-Bogotá es esencial en esta materia, siendo una de sus principales responsabilidades la de luchar por una cultura nacional, pública y asequible a todos los ciudadanos.

Para cumplir con este objetivo, la Juventud Patriótica considera necesario que en los Jóvenes del PDA-Bogotá haya una comprensión completa sobre la cultura en Colombia. Para poder plantear propuestas en torno a las políticas culturales, primero debemos entender el papel de la cultura en la sociedad y el tratamiento que la clase dirigente le ha dado a ésta. Esta es la única manera en que podremos construir un programa coherente, que vincule a las masas y plantee una salida a la crisis que vive la cultura nacional. Es por ello que proponemos que el análisis de este tema aborde los siguientes puntos:1) la cultura en el modelo neoliberal; 2) las políticas culturales en el distrito; 3) la importancia de la educación para el desarrollo cultural; y 4) Plan de Acción.

  1. La Cultura en el Modelo Neoliberal

La cultura es una manifestación de las condiciones materiales de una sociedad y a su vez es un factor que influye en la vida social. Las expresiones culturales muestran una determinada cosmovisión del mundo, una manera en que el hombre concibe la sociedad. Dicha forma de entender la sociedad surge de las condiciones materiales en las que se encuentra el ser humano, más no se trata de una creación ideológica que el hombre de manera conciente ha determinado. De esta manera, para entender de forma completa una determinada cultura se debe partir del análisis de la sociedad en la que ella se desarrolla.

Por otra parte la cultura también tiene una importante incidencia en la vida social pues establece modelos y pautas de comportamiento. Es innegable que los hombres pertenecientes a la llamada cultura occidental tienen pautas de comportamientos diversas a aquellos que habitan en el continente asiático.

Entender que la cultura deriva de las condiciones materiales de la sociedad y que a su vez influye en el desarrollo de ésta, es fundamental para analizar este tema en Colombia. La cultura de un  país sometido al imperialismo estadounidense se ve afectada por esta sumisión y a su vez se convierte en un instrumento que facilita la subordinación a los intereses de la superpotencia.

En la actualidad las potencias capitalistas, debido a sus excesos de capital y a la sobreoferta de productos, se ven en la necesidad de colocar sus mercancías y capitales en mercados donde puedan obtener grandes utilidades. Para hacerlo, las potencias deben dominar a los países en desarrollo para de esta forma garantizar una buena tasa de ganancia de los capitales que exportan a la periferia. Se trata de un fenómeno económico que se traduce en el imperialismo, el cual impide el desarrollo político, social y económico de las neocolonias.

En Colombia el principal instrumento de dominación usado por el imperialismo es el neoliberalismo, el cual se esconde bajo el disfraz de la mal llamada globalización y cuya principal manifestación es el Tratado de Libre Comercio. Este modelo económico le permite a la superpotencia  solucionar los problemas que se presentan al interior de su economía, especialmente los relacionados con el exceso de capital y la sobreoferta de mercancías. Las privatizaciones y las gabelas a la inversión extranjera son unas de las finalidades del neoliberalismo que les permiten a los monopolios colocar sus excesos de capital en sectores donde van a tener una alta tasa de ganancia, mientras que medidas como la apertura de mercados les permiten ofrecer el exceso de mercancías en mercados que no se encuentran saturados.

En el campo cultural el imperialismo, a través del neoliberalismo, tiene una incidencia nefasta, convirtiéndose en su principal amenaza. En términos generales son dos las consecuencias a las que el neoliberalismo lleva en este campo: la mercantilización de la cultura y la imposibilidad de que el Estado garantice el acceso de toda la población.

  1. Mercantilización de la Cultura

El neoliberalismo convierte lo que antes eran considerados derechos de las personas en meras mercancías. La razón de ello es muy sencilla: por las características propias de los servicios públicos y esenciales, especialmente por su gran demanda, éstos se hacen muy atractivos para que los monopolios coloquen sus grandes capitales a rendir utilidades. Es lo que ha sucedido con la educación, la salud y los servicios públicos domiciliarios. La cultura, considerada como un derecho y un bien de carácter público, no es ajena a este fenómeno de la mercantilización. El sector cultural es considerado por Estados Unidos y por los neoliberales como un sector estratégico para la obtención de ganancias. La cultura entonces pasa a ser tratada como un servicio. Basta mencionar que los servicios culturales constituyen el segundo sector exportador de Estados Unidos, o que de acuerdo a la UNESCO el crecimiento de este sector a nivel mundial entre 1980 y 1998 (época que coincide con la imposición del neoliberalismo en el mundo) fue del 300% y que en 1996 la producción de las industrias culturales fue de USD$315.000 millones.[1] Basta mirar los miles de millones de dólares que mueve Hollywood para entender que la cultura se ha convertido en un campo de gran importancia para el capital trasnacional.

La cultura pasa a ser tratada entonces como una mercancía, convirtiéndose el suministro de servicios culturales tales como el cine, la música, la literatura, la televisión y los periódicos en un atractivo negocio para los monopolios. La consecuencia de esto es que en la terminología neoliberal se hable de las industrias culturales como uno de los sectores estratégicos para la obtención de ganancias. El término de industria cultural fue adoptado por la Escuela de Frankfurt, corriente filosófica de los 70s, que señaló la manera como la cultura se estaba mercantilizando. La industria cultural surge entonces como una consecuencia a la mercantilización de la cultura, hasta tal punto que ya no se habla de autores y espectadores o destinatarios sino de productores y consumidores; la cultura queda reducida a una mera mercancía cuyo único objeto es la obtención de ganancias, como cualquier otra de su misma especie.

Es entonces innegable que en el modelo neoliberal la cultura se convierte en una mercancía. ¿Cuáles son las consecuencias de la mercantilización de la cultura? Para entenderlas se debe partir del análisis de la definición de industria cultural y de sus características.

De acuerdo a la UNESCO,  existe una industria cultural cuando los bienes y servicios culturales se producen, reproducen, conservan y difunden según criterios industriales y comerciales, es decir en serie y aplicando una estrategia de tipo económico en vez de perseguir una finalidad de  desarrollo cultural. Un estudio del Ministerio de Cultura y del Convenio Andrés Bello señala que de acuerdo a esta definición las características de la industria cultural son las siguientes[2]:

– En ellas se incluyen los bienes y servicios culturales fijados sobre soportes tangibles o electrónicos y producidos, conservados y difundidos en serie, con circulación generalmente masiva.

– Su materia prima es una creación protegida por derechos de autor y fijada sobre un soporte tangible o electrónico.

– Poseen procesos propios de producción, circulación y apropiación social.

– Están articulados a las lógicas de mercado y a la comercialización o tienen el potencial para entrar en ellas.

– Son lugares de integración y producción de imaginarios sociales, conformación de identidades y promoción de ciudadanía.

Esas características propias de las industrias culturales hacen que este fenómeno se convierta en una agresión a las culturas de los países pobres y débiles como lo es el caso colombiano.

Esto se debe a que estas industrias buscan copar y dominar el mercado cultural mundial. Se trata de industrias que prestan los servicios culturales no solo en su país de origen sino que su finalidad principal es la de obtener utilidades en todo el orbe. En el citado estudio del Ministerio de Cultura se señala lo anterior en los siguientes términos: “el mercado de estas empresas no se encierra en una sola región; con los procesos de globalización, los mercados rompen fronteras. Grandes conglomerados cubren partes considerables de los mercados existentes y abren nuevos mercados; son dueños de estudios de cine, de señales y canales de televisión, de productoras y editoras fonográficas, de periódicos y de editoriales.”

Ahora bien, para conquistar el mercado mundial es necesario contar con inmensos recursos financieros, los cuales solo existen en los países desarrollados. Esto lleva a que la producción de servicios culturales se concentre en las potencias mundiales, tal y como lo señalan las cifras según las cuales el 53% de la producción cultural en el mundo se concentra en 5 países[3], en los cuales, claro está, se incluye a la potencia imperialista Estados Unidos. No es necesario ser un experto en el tema para darse cuenta que las productoras de Hollywood dominan por completo el mercado del cine en el mundo.

Ello tiene una consecuencia nefasta y es que la cultura va a quedar sometida a lo que los grandes emporios económicos quieran ofrecer. Si la cultura es tratada como una mercancía ella está sometida a las lógicas del mercado, es decir, a las leyes de la oferta y la demanda. En este mercado quienes salen victoriosos son los grandes monopolios, pues ellos son los únicos que tienen la capacidad económica de hacer llegar sus servicios a toda la población mundial. En la competencia propia de cualquier mercado las pequeñas industrias nacionales siempre saldrán perdiendo. La oferta va a estar dada por estas enormes industrias las cuales son tan poderosas que llevan a la ruina a las pequeñas industrias culturales de los países atrasados. Son las poderosas trasnacionales las que van a elegir las expresiones culturales a las cuales pueda acceder el público.  En otras palabras, la cultura de la globalización no se construye con el aporte de varias culturales de las distintas naciones, sino que es impuesta de manera unilateral por los poderosos emporios monopolistas.

Entonces las expresiones culturales colombianas que no le interesan al imperialismo se ven desplazadas por aquellas difundidas por los grandes emporios, afectando la cultura propia de nuestra nación. ¿Esto quiere decir que debamos rechazar cualquier influencia cultural que provenga del extranjero? De ninguna manera, pues las construcciones culturales se deben nutrir de las relaciones que se den entre distintos pueblos. Así por ejemplo no nos podemos oponer a que en Colombia existan expresiones musicales influidas por el jazz, género nacido en lo Estados Unidos. Pero una cosa es que la cultura de una nación se construya a partir de su propia cultura junto con las influencias extranjeras y otra muy diferente es que la cultura se nos imponga desde afuera. Un ejemplo de esta imposición es la decisión del Invima de sacar del mercado los productos de hoja de coca producidos por las comunidades indígenas de varias regiones del país. Para estas comunidades la hoja de coca es considerada sagrada y hace parte de su cultura y por ende de la cultura colombiana. La decisión del gobierno es una prueba de la dominación que el gobierno estadounidense ejerce sobre el país, pues es a los funcionarios gringos a quienes les disgusta que la hoja de coca haga parte de la cultura de estas comunidades.

Esta es una prueba de que la cultura es una manifestación de las condiciones materiales de una sociedad. Pero la cultura también influye en la vida social y puede actuar como un mecanismo de control social. Si se tiene en cuanta que una de las características de las industrias culturales es la conformar o crear identidades, y que dichas industrias están manejadas por los principales gestores y beneficiarios de la sumisión en la que se encuentra nuestro país, el funcionamiento de la cultura en el neoliberalismo facilita a las trasnacionales mantener a Colombia en una total subordinación. Si son las trasnacionales las que deciden que películas se deben mostrar, o que libros se deben publicar, el contenido de estas expresiones culturales va a ser coherente con los intereses que sus productores defienden. El mensaje que buscan transmitir es mediocre y su finalidad es impedir que las masas cuestionen el estado en que se encuentran. En la actualidad ello cobra una gran importancia si se tiene en cuenta que las personas acceden al conocimiento a través de los medios masivos de comunicación, especialmente la televisión. Si ésta se encuentra dominada por los mismos monopolios que se benefician de la miseria en que se encuentra las grandes mayorías, el contenido de sus programas va a dirigirse a mantener las cosas en el estado en que se encuentren. Basta ver como en Colombia los medios de comunicación, de propiedad de los grandes grupos económicos como es el caso de RCN, se empeñan en manipular a la opinión pública para que se abstenga de cuestionar las políticas retardatarias del actual gobierno. Ellos son los que marcan la línea que deben seguir los colombianos. Así el neoliberalismo y la mercantilización de la cultura facilitan la dominación ejercida por los grandes monopolios financieros.

  1. Cultura Inasequible

Una segunda consecuencia del impacto del neoliberalismo en la cultura es que el Estado se queda sin herramientas para desarrollar programas que permitan impulsar las diferentes expresiones culturales y el acceso de toda la población a la cultura.

El neoliberalismo golpea y prácticamente destruye las finanzas públicas y conlleva a que los pocos recursos con que el Estado cuenta sean destinados al pago de la deuda pública. Ello implica que el Estado se queda sin herramientas para impulsar y desarrollar proyectos que sean coherentes con los intereses de la población, lo cual es absolutamente nefasto en el campo cultural.

Los apoyos e incentivos oficiales son esenciales para el desarrollo de la cultura de un país. Ello se debe a que las diferentes expresiones culturales requieren de importantes inversiones para que sean conocidas por el público. Como ejemplos de lo anterior se puede mencionar la producción de una película, la publicación de un libro, la producción de un disco o la producción de un concierto.

El apoyo estatal adquiere mayor importancia para proteger la cultura nacional frente a las imposiciones de los monopolios extranjeros. Debido a la fortaleza financiera de los emporios trasnacionales las empresas nacionales del sector cultural están condenadas a la ruina cuando entran a competir con las trasnacionales.

Los apoyos estatales en el modelo neoliberal prácticamente desaparecen. Un ejemplo de lo anterior fue la liquidación en 1992 del Fondo Cinematográfico (Focine), el cual “consiguió dinamizar la producción de cortometrajes, mediometrajes y largometrajes nacionales mediante la inyección de recursos financieros en condiciones favorables para los productores locales.”[4]

También se debe mencionar las intenciones del gobierno neoliberal de Uribe Vélez de eliminar los incentivos tributarios a la cultura a través de la reforma tributaria, todo esto en armonía con los mandatos del Tratado de Libre Comercio.

En el proyecto de reforma tributaria el Gobierno buscaba acabar con los incentivos en renta e IVA establecidos desde 1993 para el sector editorial, las empresas de la cadena gráfica y editora y las librerías, estableciendo una IVA del 10% a los textos escolares, libros y demás productos editoriales. También quería imponer el IVA a las boletas de cine, afectando su acceso de los colombianos. Afortunadamente la oposición de diversos sectores democráticos impidió que Uribe materializara sus siniestras intenciones.

En el TLC se establece que la producción nacional que deberá pasarse por televisión abierta entre semana será tan solo del 30 por ciento, siendo que antes este porcentaje era del 50 y 70 por ciento, además dicha participación no podrá aumentarse más del cincuenta por ciento los fines de semana. En el caso del cine, el TLC impone la imposibilidad de que se exija que en las salas se presente más de un 10 por ciento de producciones nacionales y en televisión este porcentaje es tan solo del 15 por ciento.[5]

Es evidente entonces que el modelo neoliberal impide el desarrollo de la cultura, pero además, al convertirse ésta en un negocio y al vetar la intervención estatal, los precios para acceder a los servicios culturales aumentan lo que impide el acceso a ellos por parte de la gran mayoría de la población. A esto se debe sumar que el neoliberalismo, al empobrecer a los ciudadanos, afecta la capacidad adquisitiva de los colombianos, lo que agrava aún más la situación.

Una primera conclusión a la que se debe llegar es que el neoliberalismo, principal arma del imperialismo y cuya principal manifestación es el Tratado de Libre Comercio, es la principal amenaza para la cultura nacional de nuestro país.

  1. Políticas Culturas Distritales

Para poder hacer un correcto análisis de las políticas distritales se debe tener en cuenta que ellas se encuentran sometidas a las políticas impulsadas por el gobierno nacional. Ello quiere decir que las implicaciones negativas del neoliberalismo en la cultura se ven reflejadas en las políticas culturales del Distrito, especialmente porque el debilitamiento de las finanzas públicas, tanto nacionales como distritales, impide que se desarrollen políticas culturales que sean idóneas para que los habitantes de la capital tengan un efectivo acceso a las ofertas culturales.

El análisis de las políticas culturales en el Distrito debe abordar los siguientes puntos: 1) organización Distrital del sector cultural; 2) infraestructura cultural; y, 3) Acceso de la población a las ofertas culturales.

  1. Organización Distrital en el Sector Cultural

El Decreto 221 de 2002 de la Alcaldía Mayor creó el Sistema Distrital de Cultura, al cual se le atribuyen todas las funciones relacionadas con el desarrollo de las políticas culturales y está conformado por (Art. 2º):

  1. El Consejo Distrital de Cultura del Distrito Capital.
  2. *El Instituto Distrital de Cultura y Turismo.*
  3. Los Consejos de Áreas Artísticas del Distrito Capital.
  1. Los Sistemas Locales de Cultura del Distrito Capital.
  2. El Fondo Mixto de Promoción de la Cultura y las Artes del Distrito Capital si lo hubiere o la entidad que haga sus veces.
  3. Las entidades u organizaciones públicas y privadas que desarrollen, financien, fomenten, ejecuten y controlen actividades culturales y artísticas, cuyo domicilio se encuentre en el Distrito Capital.

Se debe señalar que el artículo 91 del Acuerdo 257 de 2006 del Concejo de Bogotá transformó el Instituto Distrital de Cultura y Turismo en la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deporte, principal entidad encargada de la estructuración y coordinación de políticas culturales. Así mismo las entidades adscritas a esta secretaría son:

  • Establecimiento Público: Instituto Distrital de Recreación y Deporte -IDRD.
  • Establecimiento Público: Orquesta Filarmónica de Bogotá.
  • Establecimiento Público: Instituto Distrital de Patrimonio Cultural -IDPC.
  • Establecimiento Público: Fundación Gilberto Alzate Avendaño.

La única entidad vinculada a la secretaría es la Sociedad Pública “Canal Capital”.

En el papel este sistema tiene una virtud importante y es que permite la participación de la comunidad en la organización y coordinación de las políticas culturales. Lamentablemente, sus buenas intenciones quedan convertidas en simples intenciones ya que los recursos e infraestructura no son suficientes para materializar los proyectos culturales que vinculen a toda la población.

  1. Infraestructura Cultural

El distrito “cuenta con más de 300.000 personas vinculadas a la creación, la gestión y la infraestructura artística y cultural[6]; su infraestructura cultural consta de 703 auditorios, 102 bibliotecas, 93 cines, 58 galerías de arte, 63 museos y 45 salas de teatro, la cual se concentra en seis localidades: Candelaria, Santa Fe, San Cristóbal, Chapinero, Usaquén y Teusaquillo.[7]

Teniendo en cuenta que la población de Bogotá es de aproximadamente 6 millones 500 mil personas, dicha infraestructura no es suficiente para satisfacer las necesidades de la mayor parte de la población.

En cuanto a la industria cultural, Bogotá cuenta aproximadamente con 5 casas disqueras, 294 editoriales, 34 distribuidores de música, 619 librerías, 16 empresas de asesoría en ventas, 57 empresas de grabación, 15 de pre-producción y 33 de equipos y accesorios,[8] las cuales se encuentran amenazadas por la competencia de los emporios extranjeros a los que ya se hizo mención.

El Distrito también se caracteriza por tener eventos culturales de gran importancia como el Festival Iberoamericano de Teatro, la Feria del Libro, Festivales al Parque (Rock, Hip Hop, Jazz), entre otros.

  1. Acceso de la Población a las Ofertas Culturales

De acuerdo al antiguo Instituto Distrital de Cultura y Turismo en el año 2002 solo un 31.3% de los bogotanos asistió a eventos culturales, concentrándose en niveles socioeconómicos altos, lo que indica el poco acceso a la cultura que tienen los ciudadanos, especialmente los más pobres.

Esto se debe principalmente a los pocos recursos que se destinan al sector cultural, cuya causa se encuentra en el modelo neoliberal que se nos ha impuesto desde afuera como se ha explicado. Una segunda razón estriba en que los eventos culturales más importantes como el Festival Iberoamericano de Teatro son muy costosos, lo cual es un factor de exclusión de las grandes mayorías. A esto se suma el debilitamiento de la capacidad adquisitiva de los bogotanos, debido a la falta de empleo y el alto costo de vida al que lleva el modelo neoliberal. Otro factor que explica este fenómeno es el debilitamiento de la educación, tema que se explicará con profundidad a continuación.

Es evidente entonces que las políticas culturales están condicionadas al fortalecimiento de las finanzas públicas, las cuales se ven gravemente afectadas por la sumisión en que se encuentra el país a través de la implantación del modelo neoliberal.

  1. Educación y Desarrollo Cultural

A través de la educación la población puede acceder al conocimiento de las distintas expresiones culturales, constituyendo así uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de la cultura. La educación permite que el grueso de la población conozca y se entusiasme por adentrarse en el sector cultural, sobre todo en el caso de los jóvenes. Es importante tener en cuenta que no se trata solo de una educación conceptual, en la que se enseñe solo la historia, las características y el contenido de una expresión cultural. La educación también debe permitir la participación activa de los estudiantes para que éstos puedan vivir experiencias enriquecedoras en este campo.

En contraste con lo anterior, las políticas neoliberales de los gobiernos de la última década se han dirigido al debilitamiento del aparato educativo. Un ejemplo es el acto legislativo que en el 2001 recortó las transferencias destinadas al financiamiento de la educación, y que el actual gobierno quiere postergar dado que éste es de carácter temporal. Los recortes han tenido repercusiones nefastas para la cultura colombiana, pues se eliminaron de los currículos escolares materias relacionadas con la cultura como el arte y la música.

Al respecto se debe mencionar lo sucedido con la Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB), institución creada en 1991 como una dependencia del Instituto Distrital de Cultura y Turismo para atender la demanda de servicios de formación profesional artística de la ciudad y del país, para luego pasar a ser la facultad de artes de la Universidad Distrital. El problema no es que se convirtiera en una facultad, inclusive esto es muy bueno, sobre todo si se tiene en cuenta que se trata de una universidad pública y que por ende debe contar con esta facultad. El problema es que la ASAB, al igual que el resto de la universidad, se encuentra amenazada por los problemas financieros de la institución, los cuales se deben igualmente a las mediocres políticas educativas de los últimos gobiernos.

De nuevo, el neoliberalismo se presenta como la principal amenaza para el desarrollo cultural.

  1. Plan de Acción 

Ante la crisis en que se encuentra la cultura colombiana, los Jóvenes del PDA-Bogotá debemos estructurar un plan de acción con el fin de defender la cultura nacional, pública y asequible. El punto fundamental de este plan de acción debe ser el de agrupar a todos los sectores democráticos y a las masa en torno a la defensa de la soberanía nacional y el rechazo de su principal amenaza: el modelo neoliberal. En este sentido la lucha contra el TLC debe ser una de nuestras principales banderas puesto que éste constituye la principal manifestación del neoliberalismo, cuya implementación le daría un sustento prácticamente constitucional al tratado y haría irreversibles las nefastas consecuencias que el modelo ha causado en el plano cultural. Solo si se resuelve este problema podremos solucionar el problema de la cultura.

Un segundo punto es el de que desde los Jóvenes del PDA se organicen actividades de resistencia de carácter cultural como conciertos, encuentros culturales, etc. Esto nos permitirá involucrar a muchos jóvenes en la lucha que venimos sosteniendo en contra de las políticas antidemocráticas y retardatarias del actual gobierno.

En tercer lugar, debemos procurar participar en los espacios en donde se discuten las políticas culturales del distrito, en aras de defender las expresiones culturales de los jóvenes capitalinos. Es importante que esta tarea se articule con los consejos locales de juventud.

Finalmente los jóvenes jugamos un papel fundamental en el campo cultural, y solo mediante la movilización y la defensa de la soberanía nacional podremos alcanzar una cultura nacional, pública y asequible a toda la población.

[1] Ministerio de Cultura de Colombia y Convenio Andrés Bello, Impacto económico de las industrias culturales en Colombia, Edición del Convenio Andrés Bello. Unidad Editorial, Bogotá D.C., 2003, Pág. 23.

[2] Ibidem

[3] Ibidem

[4] Ibidem

[5] Robledo Castillo, Jorge Enrique. El TLC Recoloniza a Colombia. TR Ediciones, Bogotá D.C., 2006, Pág. 176.

[6] Políticas Culturales Distritales 2004-2016. Edición Instituto Distrital de Cultura y Turismo, 2004.

[7] Ver MISION DE REFORMA INSTITUCIONAL DE BOGOTÁ “INSTITUCIONES Y RECURSOS PARA VIVIR LA CIUDAD” por Israel Fainboim, Miguel Gandour y Maria Camila Uribe y los informes de gestión del IDCT. Ver también Inventario de la infraestructura cultural de Bogotá (INVAL, 1999), Resultados de la aplicación de Encuesta de Cultura Ciudadana (IDCT, 2001) y la ponencia de Rocío Londoño Botero “Bogotá necesita una política cultural pública” presentado en el “Seminario Internacional Políticas Culturales Urbanas: Experiencias Europeas y Americanas” (Bogotá, 2003).

[8]Políticas Culturales Distritales 2004-2016. Edición Instituto Distrital de Cultura y Turismo, 2004.