octubre 17, 2017

Cultura

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Viva la cultura bogotana

La promoción del arte y la cultura son herramientas privilegiadas de protección de la identidad, la memoria y el patrimonio histórico de la nación colombiana, y estos a su vez fungen como medios de diálogo plural indispensables para la construcción de una verdadera democracia de ciudadanas y ciudadanos ilustrados cuyas conductas estén mediadas por el conocimiento y la reflexión plena sobre derechos, de forma muy distinta al concepto de “cultura ciudadana” arraigado en Bogotá, cuya raíz se encuentra en el acatamiento irrestricto de las normas más que en la posibilidad de interpelarlas cuando son injustas.

La apertura indiscriminada de los mercados ha dejado desprotegidos al arte y cultura, que por cuenta del interés de negocio de grandes capitales han sido reducidos al concepto de entretenimiento, alejando la formación y el trabajo artístico y cultural de las mayorías y concentrando el acceso a los productos culturales en un reducido grupo de la población. Es necesario que la población cuestione lo que sucede a su alrededor y dejar de ser una mera consumidora de espectáculos de entretenimiento.

Los TLC resguardan los intereses de los inversionistas contra la cultura nacional. Y al contrario a los creadores y a los gestores culturales se les niegan sus derechos y solo se les provee de apoyos que son más medidas caritativas que un reconocimiento a su función como protectores y promotores de la cultura nacional.

Los escenarios dispuestos para acceder a eventos culturales da cuenta de la segregación existente en la ciudad. Solo el 30% de los equipamientos destinados a estas actividades son públicos, el 70% pertenece a agentes privados. El 38% del total se encuentran en las localidades de La Candelaria, Chapinero, Teusaquillo y Santa Fe[1], situación que no ve perspectivas de mejorar, en tanto las mayores apuestas del gobierno distrital se centran en la firma de Alianzas Público-Privadas como la proyectada para el Coliseo y el estadio El Campín.

Bogotá debe ser una ciudad en la que sea posible tener la cultura como forma de vida, impulse la creación y difusión artística plural y sobre todo, que sea epicentro de la preservación de la identidad nacional frente a los embates de las grandes industrias culturales. Este objetivo es alcanzable solo en la medida en que se brinde al sector la importancia que amerita y en consecuencia se promuevan el arte y la cultura nacionales y al empresariado colombiano, tanto en los espectáculos públicos como en el fomento de la creación y la difusión de todas las expresiones artísticas y literarias. Se debe profesionalizar a los artistas y gestores culturales y ofrecerles condiciones de vida y de trabajo dignas (empleo estable, salud, educación, pensión y demás prestaciones sociales). La ciudad debe apoyar la presencia, creación y consolidación de las organizaciones gremiales y sindicales de los trabajadores de la cultura, dando además nuevos estímulos y escenarios públicos a la población de la capital.

[1]Caracterización de los equipamientos culturales registrados en Bogotá de la SCRD. 2014.